El Niño: comprender el fenómeno para fortalecer la resiliencia de las ciudades

June 8, 2026

El Niño–Oscilación del Sur (ENOS), es un fenómeno natural de variabilidad climática asociado a anomalías de la temperatura superficial del mar (TSM) en el océano Pacífico ecuatorial. Este fenómeno influye sobre la circulación atmosférica global y puede modificar los patrones de temperatura, precipitaciones y vientos en distintas regiones del mundo. El ENOS presenta tres estados: El Niño, La Niña y una fase Neutral, para su determinación se realiza un monitoreo que consiste en el seguimiento de algunas variables y condiciones climáticas en la región central del Océano Pacífico.
  1. El Niño: provoca el calentamiento a gran escala de las temperaturas de la superficie del mar (TSM) por encima de la media en el Pacífico tropical central y oriental. Los valores de 0.5 ºC superiores al promedio indican este evento.
  2. La Niña: genera el enfriamiento a gran escala de las temperaturas superficiales del mar (TSM) por debajo del promedio en el Pacífico tropical central y oriental.  Los valores de 0.5ºC inferiores al promedio indican este evento. 
  3. Neutral:  en esta fase por lo general, la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical se mantiene cerca del promedio. Sin embargo, en algunos casos, el océano puede presentar características propias de El Niño o La Niña, pero la atmósfera no se corresponde con esta condición (o viceversa). 
En promedio, se registran aproximadamente dos episodios de El Niño por década, aunque cada evento presenta características particulares en cuanto a su inicio, duración, intensidad y finalización. Como consecuencia, sus impactos ambientales, sociales y económicos varían significativamente entre un episodio y otro.
¿Cuáles son los impactos que puede generar en nuestra región?
Los efectos de El Niño en Sudamérica se manifiestan tanto en modificaciones de los sistemas oceánicos y atmosféricos como en los impactos derivados sobre los ecosistemas acuáticos y terrestres. Estas alteraciones pueden repercutir significativamente en distintos ámbitos como la agricultura, la pesca, la disponibilidad de recursos hídricos y la salud de la población. Durante El Niño, la circulación atmosférica provoca un mayor ingreso de humedad desde el Atlántico hacia el centro-este de América del Sur, mayor frecuencia de sistemas de tormentas y condiciones más inestables sobre parte de Argentina.
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), durante mayo de 2026 las condiciones del fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) se mantienen dentro de una fase neutral. Sin embargo, las anomalías de la temperatura superficial del mar muestran una posible evolución hacia una fase cálida del fenómeno indicando un 60% de probabilidad de desarrollo de condiciones El Niño durante el trimestre mayo-junio-julio de 2026.
Si bien actualmente no se observan señales concluyentes de impactos generalizados sobre el territorio argentino, el seguimiento de la evolución del ENOS resulta relevante debido a su influencia sobre los patrones regionales de temperatura y precipitación. Históricamente, los eventos El Niño se han asociado con una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal en sectores del centro y noreste del país, especialmente durante la primavera y el verano, aunque sus efectos pueden variar según la intensidad y características particulares de cada evento. 
En este contexto, resulta importante considerar los potenciales impactos que este fenómeno podría generar sobre distintos sectores y sistemas:
  • Agricultura: El Niño puede modificar las condiciones de humedad y temperatura, afectando los calendarios de siembra, el desarrollo de los cultivos y los rendimientos agrícolas. En regiones donde se registran precipitaciones superiores a lo normal, pueden aumentar los riesgos de anegamiento, erosión de suelos y pérdidas productivas, mientras que en otras áreas los mayores aportes de agua pueden resultar beneficiosos para determinados cultivos.
  • Pesca: el aumento de la temperatura superficial del mar y la reducción del afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes pueden alterar la productividad biológica marina y modificar la distribución y abundancia de distintas especies. Estas condiciones pueden generar impactos sobre las pesquerías y los ecosistemas costeros.
  • Recursos hídricos: las alteraciones en los patrones de precipitación asociadas al ENOS pueden influir sobre la disponibilidad y gestión de los recursos hídricos. Pueden producirse excesos hídricos provocando inundaciones y anegamientos, o bien puede aumentar el caudal de ríos y otros cuerpos de agua que afecten los distintos usos del recurso.
  • Salud: los eventos extremos asociados al ENOS pueden favorecer la proliferación de vectores y aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos y roedores. 
¿Cómo nos preparamos frente a este fenómeno? 
Ante la posibilidad de eventos de precipitaciones intensas y olas de calor asociados al fenómeno El Niño, diversos municipios del país han incorporado medidas de adaptación en sus Planes Locales de Acción Climática con el objetivo de reducir el riesgo de inundaciones, mejorar la gestión del agua y proteger a la población frente a los impactos de las temperaturas extremas.
Un ejemplo claro son las acciones planteadas por el municipio de San Miguel de Tucumán, que contempla la implementación de pavimentos drenantes en calles estratégicas para favorecer la infiltración del agua y disminuir el escurrimiento superficial. Asimismo, impulsa la elaboración de un Plan de Manejo Sostenible de Suelos para conservar áreas de infiltración y recarga de acuíferos, fortaleciendo la capacidad del territorio urbano y periurbano para retener agua de lluvia y contribuir a la seguridad hídrica. Otra de las medidas destacadas es la creación de parques inundables, diseñados para almacenar temporalmente excedentes de agua durante lluvias intensas o crecidas. Estos sistemas permiten que el agua se distribuya de manera controlada mediante canales abiertos, lagunas permanentes y áreas verdes, reduciendo el riesgo de anegamientos en zonas urbanas. 
Por su parte, la ciudad de Oberá, en la provincia de Misiones, prioriza la finalización y ampliación de su sistema de drenaje urbano mediante obras de infraestructura pluvial en distintos sectores de la localidad mientras que en General Pico, La Pampa, se ha aprobado por ordenanza el protocolo de actuación frente a tormentas e inundaciones.
Además de las acciones orientadas a la gestión del agua, algunos municipios están incorporando medidas para hacer frente a las olas de calor y días de calor extremo. En General Pico, por ejemplo, se proyecta la creación de una red de refugios climáticos locales utilizando espacios públicos como bibliotecas, escuelas, clubes, entre otros. Estos espacios brindan confort térmico durante episodios de temperaturas extremas, especialmente para grupos vulnerables, contribuyendo a reducir los riesgos para la salud asociados al calor.
Por su parte, la Ciudad de Mendoza también proyecta consolidar hacia 2030 una red de refugios climáticos distribuidos en distintos puntos del territorio. Complementariamente, impulsa la implementación de un protocolo de actuación frente a olas de calor que contempla campañas de prevención, sistemas de alerta temprana, entre otras acciones. 
Estos ejemplos demuestran cómo los gobiernos locales están incorporando estrategias de adaptación que combinan infraestructura, planificación territorial, gestión del riesgo y protección de la salud para hacer frente a fenómenos climáticos como El Niño. La prevención y la planificación permiten reducir la exposición y vulnerabilidad de las comunidades. 
En este contexto, la RAMCC, a través de su Secretaría Ejecutiva, trabaja junto a municipios y comunas en el desarrollo y fortalecimiento de sus Planes Locales de Acción Climática (PLAC), acompañando los procesos de diagnóstico de riesgos y vulnerabilidades, así como la formulación y actualización de medidas de adaptación. La planificación basada en evidencia y el trabajo colaborativo entre gobiernos locales constituyen herramientas fundamentales para anticiparse a los impactos del cambio climático y proteger a las comunidades.
Nota escrita por Lic. Giulia Graziati y Lic. Valeria Busnelli

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