Equipo Técnico RAMCC
17 de Abril, 2020

Ante la emergencia de enfermedades, Adaptación basada en Ecosistemas

La emergencia permanente de enfermedades está altamente vinculada a los efectos del cambio climático. Dentro de esas enfermedades, las provenientes de animales (llamadas enfermedades zoonóticas) tienen un rol protagonista: el 60% de las enfermedades infecciosas de humanos provienen de animales(2). Según el IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), este tipo de afecciones deja unos 700,000 muertos cada año. Pero, ¿Cómo afecta el cambio climático y cómo pueden evitarse a través de la acción de los gobiernos locales? 

Haciendo la salvedad de las enfermedades transmitidas por ganado y mascotas, su incremento se debe a dos grandes causas: por un lado, por cambios en los rangos geográficos de los vectores producto del cambio climático (3), y por otro, por cambios en los usos del suelo que multiplica los contactos con los animales (4). Sin embargo, estos dos motivos no se encuentran escindidos, sino que por el contrario, existe una relación de causalidad entre ellos: la extracción de recursos de los ambientes naturales -como remover del todo el hábitat para siembra de soja, algodón o palma- además de acercarnos los vectores, incrementa la cantidad de carbono atmosférico, contribuyendo fuertemente al cambio climático: solamente el avance sobre los bosques tropicales es responsable del 7-14 % de la emisión de gases de efecto invernadero en el período 2000-2005 (9).

¿Cómo el cambio climático afecta la distribución de los patógenos? 

De múltiples maneras, aunque el típico incremento de las temperaturas y las precipitaciones es el más conocido. Dado que estas condiciones son propias de los trópicos, al extenderse a otras latitudes la distribución geográfica de insectos que transmiten enfermedades se extiende también. Entre estos casos se encuentra el mosquito que causa el dengue y la fiebre amarilla (Aedes aegypti) - responsable de 50-100 millones de casos al año (5)-, el de la fiebre chikungunya (Aedes albopictus) y el de la malaria (Anopheles sp) -responsable de 350-500 millones de casos al año-.

Sin embargo, la dinámica de las enfermedades zoonóticas muchas veces no tiene que ver con el cambio en el clima de manera directa, sino con cambios en el uso del suelo, o, en otras palabras, la deforestación u otro tipo de extracción de recursos naturales para la generación de excedente económico (1). Esto implica un avance de la frontera humana sobre los ecosistemas o la fauna que nos pone más en contacto con los vectores incrementando la probabilidad de contagio (2). En el contexto de la globalización, bastan algunos pocos contagios para la enfermedad migre de un continente a otro en cuestión de horas. 

"La deforestación, la agricultura o la urbanización, que modifican el equilibrio entre especies, sirven de "puente" con los humanos, advierten los científicos". (4) 

Estos vectores existen en la naturaleza pero los organismos han generado inmunidad hacia ellos, por lo que no les representa pérdidas masivas de individuos, es decir que generalmente los patógenos, los vectores y los hospedadores conviven en un "equilibrio biológico", que es interrumpido con las actividades antrópicas.

Este es el caso del ébola, que pasó a los humanos debido a la fragmentación de bosques en África (6). El mismo ha causado casi 30.000 infectados y más de 11.000 muertes en dos años (7). También la fragmentación de bosques para cultivo de palma ha incrementado casos de malaria por dejar mayor cantidad de áreas sin bosque en donde se acumula agua (8). Asimismo, el avance sobre los pastizales pampeanos con agricultura ha llevado al mayor contacto de humanos con roedores que propagan el virus Junín, causante de la fiebre hemorrágica argentina, enfermedad endémica de esta región. 

Otro de los conocidos en estos días lo supone el coronavirus SARS-CoV-1 que produce el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), cuyo origen, de la misma manera que el SARS-CoV-2, responsable de la pandemia del COVID-19, parece haberse iniciado en el consumo de fauna silvestre.  Esto, además, pone de manifiesto otro tipo de extracción, que también pone en jaque al normal funcionamiento de los paisajes naturales: el tráfico ilegal de fauna silvestre (hay investigaciones que encuentran un vínculo directo entre este fenómeno y el desequilibrio en poblaciones silvestres, afectando a las funciones ecosistémicas).

El COVID-19, entonces, se convierte, no solamente en un arma mortal de 200 nanómetros de tamaño, sino también en una advertencia: si seguimos avanzando sobre las bases materiales de las sociedades humanas, algunas de esas "armas biológicas" que existen en la inmensa diversidad que caracteriza a los ecosistemas, pueden ser "exportados" y afectar a una población, que, a diferencia de la que existe en el seno de ellos, no está preparada inmunológicamente para enfrentarla. 

Entonces, ¿son las nuevas condiciones climáticas las que corren la frontera de la distribución de enfermedades o son nuevos corrimientos de las fronteras humanas las que nos acercan a ellas? Un poco de las dos, y, como si fuera poco, la segunda profundiza aún más la primera. De esta manera, se construye un círculo vicioso.

¿Cómo se evitan nuevas pandemias emergentes de los ecosistemas degradados?

En esta breve reseña de la interacción entre avance sobre ecosistemas, enfermedades zoonóticas y cambio climático, se evidencia una forma de hacer política climática, desde los municipios y la gestión local, pero hacia un equilibrio ecosistémico. En esta línea, desde la RAMCC se viene trabajando en un tipo de adaptación denominada Adaptación basada en Ecosistemas (AbE). La misma se define como "la utilización de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas como parte de una estrategia global de adaptación para ayudar a la gente a adaptarse a los efectos adversos del cambio climático" (Congreso de la Diversidad Biológica, 2009). 

Estas estrategias se establecen para el manejo, la conservación y la restauración de los ecosistemas con el fin de garantizar la prestación de servicios que las personas necesitan para adaptarse a los impactos del cambio climático. En este sentido, AbE tiene como objetivo incrementar la resistencia y disminuir la vulnerabilidad de los ecosistemas y las personas frente el cambio climático.

En este sentido, existen múltiples iniciativas de los municipios de la RAMCC que promueven un equilibrio y una gestión con foco en la sostenibilidad de los ambientes naturales para una adaptación al cambio climático basada en ecosistemas

Entre las más importantes se encuentran aquellas que intentan preservar la función de permeabilidad y absorción de agua -que no solo previene inundaciones, cada vez más frecuentes y catastróficas por el cambio climático, sino también disminuye los micro-hábitats en donde se desenvuelven estas especies portadoras de enfermedades-. Algunos ejemplos son: la generación y manejo de reservas naturales urbanas (como el Parque Ribereño Arroyo Pirayuí y Reserva Santa Catalina en Corrientes y El Corredor en San Miguel, Buenos Aires), la creación de normativas que insten a los ciudadanos a construir pozos de absorción que canalicen las aguas a las napas freáticas, el fomento de prácticas agrícolas que incrementen la evapotranspiración anual, la construcción de reservorios hídricos para contener el agua y evitar coberturas mantiformes y extensas, el incremento de espacios verdes ya sea en forma de parques, cintas, techos, albardones, bordos forestales, entre otras. 

En este sentido también, existen acciones para diseñar corredores biológicos, a lo largo de los caminos rurales y banquinas, o para conectar ambientes naturales. Los mismos gozan de gran importancia ya que proveen hábitat para diversos organismos -entre ellos roedores-  en donde la matriz circundante está altamente modificada. 

Además, los ordenamientos territoriales forman parte de las estrategias de adaptación llevadas a cabo por múltiples municipios de la Red, como: Santa Fe (Santa Fe), Rosario (Santa Fe), Bariloche (Río Negro), San Martín de los Andes (Neuquén), Camilo Aldao (Córdoba), San Antonio de Areco (Buenos Aires), Arteaga (Santa Fe), Montecarlo (Misiones), entre muchas otras. Estas ciudades proyectan un intento por: controlar su expansión sobre los ambientes naturales, limitar los asentamientos en zonas inundables, reorientar los modelos productivos a una agricultura local, planificar reforestación, proyectar la distribución de cada actor en la urbe y poner en el centro la planificación territorial para pensar el desarrollo de la localidad.

Este tipo de iniciativas (esbozadas solo algunas de todas las presentes en los distintos municipios) tienen un alto grado de integración de conflictos sociales, ambientales y económicos, por lo que su presencia no significa la mera solución puntual o prevención de un riesgo en particular, sino que apunta a entender los paisajes urbanos como un todo y teniendo en cuenta diversas escalas de conflictos, para un abordaje de la adaptación al cambio climático a largo plazo. 

Si bien estas acciones no resultan suficientes para ponerle un freno a la deforestación o a la degradación de hábitats a nivel global (ya que existen limitaciones jurisdiccionales de los gobiernos locales), constituyen instancias que demuestran que los gobiernos locales son actores estratégicos que pueden contribuir, a través de planes integrales, a bajar los desequilibrios biológicos a nivel global. Por todo lo desarrollado, es imperativo seguir construyendo redes que fomenten la AbE, ya que adhiere a la transición hacia ciudades más resilientes, a que se problematice la perturbación de esos ambientes desconocidos por su alta complejidad, y que constituyen el abastecimiento material que permite que continúe la vida. 


Fuentes consultadas

  1. Morse, et. al. 2012. Prediction and prevention of the next pandemic zoonosis. Disponible en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140673612616845

  2. Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (PNUMA)

  3. Haines, 2000 Environment and health: 2. Global climate change and health. CMAJ. 729-734. Disponible en: https://www.cmaj.ca/content/163/6/729.short

  4. National Geographic, 2020. Disponible en: https://www.ngenespanol.com/ecosistemas/la-interferencia-humana-en-los-ecosistemas-origen-de-las-pandemias/?fbclid=IwAR0q9aKNyCFijNfVNtYRBd6iONEy1HD1udrvpBopKzSQo6LSZT1rYGC7hr0

  5. Cerda, 2008. Cambio climático y enfermedades infecciosas. Un nuevo escenario epidemiológico. Scielo. 447-452 https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?pid=S0716-10182008000600006&script=sci_arttext

  6. Rulli, 2017. The nexus between forest fragmentation in Africa and Ebola virus disease outbreaks. Nature. Disponible en https://www.nature.com/articles/srep41613

  7. Center for Desease Control (CDC) de los Estados Unidos.

  8. WHO/FAO/UNEP (2008) Effects of agricultural development on vector-borne diseases. Working papers of 7th Annual Meeting, Joint WHO/FAO/UNEP Panel of Experts on Environmental Management for Vector Control. World Health Organization, Geneva, Switzerland. Extraido de Tanga, 2011 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1365-3156.2011.02726.x

  9.  Harris, et. al. «Baseline map  of carbon emissions  fromdeforestation in tropical regions.» Science, 2012. 

 

 

Ver todas las noticias