Opinión RAMCC
8 de Abril, 2020

Políticas públicas y la limitación de plásticos de un solo uso

Nota de opinión
Por: Nicolás Caravaca

Este derivado del petróleo protagoniza de manera silenciosa (otras veces no tanto) nuestra vida cotidiana, con su presencia constante a través de las más variadas gamas de artículos, productos y objeto que han ido colonizando nuestro entorno. Los beneficios del plástico son indudables, es por eso que desde la década del cincuenta su producción ha superado a la de casi todos los otros materiales. Este material al ser económico, liviano y fácil de producir brinda cualidades valoradas en el desarrollo productivo actual. Esta proliferación conllevó a que mucho del plástico producido este diseñado para ser desechado después de haber sido utilizado una sola vez, respondiendo a una cultura de usar y tirar.

Como marca el programa de Naciones Unidas para el Ambiente, nuestra capacidad de lidiar con residuos plásticos ya ha sido colmada. Según cálculos recientes (Geyer, Jambeck, y Law, 2017) el 79% de los residuos plásticos que se han producido hasta ahora yace actualmente en vertederos, basureros o en el ambiente, mientras que aproximadamente el 12% ha sido incinerado y sólo el 9% ha sido reciclado. Según lo especificado por el informe de Naciones Unidas para el 2050, si el crecimiento en la producción de plásticos continúa al ritmo actual, entonces, el 20% del consumo mundial total de petróleo podría provenir de la industria de plásticos.

Ante este panorama, teniendo en cuenta que la mayoría de los plásticos no se biodegradan, la dificultades que se producen cuando se escapan al ambiente son considerables. Desde la contaminación en los suelos y el agua hasta la obstrucción de alcantarillas generando inundaciones en zonas urbanas, como la proliferación de enfermedades transmitidas por portadores (en nuestra región el Aedes Aegypti) ante la presencia de plástico en la vida cotidiana como caldo de cultivo para mosquitos y plagas.

Otro aspecto a considerar, son los aspectos económicos que le implican a los gobiernos locales la gestión de los residuos, esto tiene que ver con pensar el costo de limpiar la eliminación de los residuos de un solo uso en comparación con los costos de prevenir los desechos. Aquí es en donde hay que centrarse para considerar las mejores acciones para enfrentar el problema, planteando alternativas posibles

Esta situación hace inviable la cantidad de plástico de un solo uso que desechamos, sin que repensemos la forma en que fabricamos, usamos y gestionamos los residuos. Se deben adoptar acciones que concuerden con la jerarquía de gestión de residuos y con el enfoque de economía circular, para minimizar, primero que nada, la generación de residuos de plástico, hay que mejorar el estado de los servicios de recolección de residuos sólidos, fortalecer la industria del reciclaje y garantizar la disposición segura de los residuos en vertederos regularizados.

Para enfrentar esta problemática, se requiere de políticas solidas por parte de los gobiernos que permitan involucrar a distintos sectores de la sociedad para llevar delante reglamentaciones, innovaciones y un mayor grado de concientización en los ciudadanos

En el contexto nacional, siguiendo las iniciativas que ocurren a nivel mundial, ha estado en agenda en los últimos años la implementación de políticas públicas que buscan la reducción o la eliminación de los residuos de un solo uso, específicamente la utilización de las bolsas plásticas para transportar mercaderías. Esta iniciativa fue efectuada por muchos gobiernos locales de la Argentina a partir de distintas ordenanzas que van desde la prohibición hasta instrumentos económicos o una combinación de ambas iniciativas. En términos generales los municipios relevados muestra que a la hora de prohibir la entrega de bolsas plásticas lo hacen de forma progresiva y sistemática, dando plazos variables de una ciudad a otra. Estos son los casos de Bariloche, Pinamar, Buenos Aires, Córdoba, Godoy Cruz como para mencionar sola algunas. El caso de la ciudad de Rosario fue bastante particular ya que dicto una ordenanza de reducción progresiva de entrega de bolsas en supermercados, sin embargo el sector decidió voluntariamente dejar de entregar a partir de abril del 2016. Otro aspecto a tener en cuenta es el alcance de las reglamentaciones, ya que en su mayoría las iniciativas apuntan a las grandes superficies y dejan sin incorporar a los comercios minoristas como parte de las iniciativas de reducción o prohibición.

En algunos casos se crearon programas especiales por el tiempo que duró la implementación, este es el caso de ciudad de Córdoba que conformó una comisión asesora, para llevar adelante la verificación del cumplimiento con las sanciones correspondiente ante posibles infracciones que tuvieron montos variables dependiendo de las decisiones de los estados locales. También nos encontramos que en todas las normativas aparece el tema de la concientización como esenciales para darle forma y fomentar cambios en el comportamiento de los consumidores, sin embargo, es necesario un cambio duradero sobre las actitudes culturales y no campañas de corta duración para que realmente sea efectivo.

En términos generales se constata que las políticas que tuvieron un relativo éxito fueron aquellas que pudieron, sostenidas en el tiempo, identificar e involucrar a los grupos interesados claves, ya sean minoristas, consumidores, los representantes de las industrias, los gobiernos locales, los fabricantes, la sociedad civil, los grupos ambientalistas, las asociaciones de turismo, etc para poder garantizar una amplia aceptación en el largo plazo.

A modo de conclusión podemos decir que si se planifica y se hacen cumplir adecuadamente las prohibiciones sobre las bolsas de plástico con un correspondiente monitoreo de la evolución de las implementaciones, estas pueden contrarrestar una de las causas del uso excesivo de los plásticos. No obstante, todavía queda un largo camino que implica que los gobiernos tienen que seguir mejorando sus prácticas de gestión de residuos e introducir incentivos financieros para cambiar los hábitos de los distintos sectores, a través de políticas solidas que promuevan un modelo más circular de diseño y producción de plástico, incentivando las investigaciones y el desarrollo de materiales alternativos. 


 

 

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