Planes contra el cambio climático comienzan a mitigar dudas en Sudamérica

Tras numerosas reuniones, coordinaciones y prospecciones, los proyectos para llegar a tener "economías bajas en carbono" comienzan a caminar en Perú, Colombia y Chile. Ya se tienen datos actualizados sobre el nivel de emisión de gases invernadero en estos países. Y se va perfilando otra manera de entender la economía, las políticas públicas y la gobernabilidad, en el marco de un cambio climático galopante.

En el Perú, que tiene aún importantes franjas de bosque amazónico, un mecanismo como REDD también parece ser una de las llaves para emprender la planificación frente al cambio climático.
"Parece que la cuestión ambiental no va contra las inversiones", habría dicho Luis Miguel Castilla, el ministro de Economía y Finanzas del Perú, en una de las reuniones en las que se debatía el PLANCC (Planificación ante el cambio climático), la ruta que este país elabora para mitigar los efectos del calentamiento global en su territorio. El comentario habría sido, según el informante, una luz verde para que la economía baja en carbono se divise.

No ha sido, es, ni será fácil. El chip ambiental, o climático, todavía no sienta reales con fuerza en la comunidad de los economistas, o de los ministros, en parte porque subsiste la dicotomía insulsa de que, antes de pensar en el calentamiento global, se tiene que crecer. Pero en algunos países sudamericanos el tema comienza a estar presente gracias a la iniciativa MAPS International (Mitigation Action Plans and Scenarios, por sus siglas en inglés).

La ruta y las señales

¿En qué consiste esta sugerente iniciativa? Llamada PLANCC en Perú, ECDBC (Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono) en Colombia y MAPS Chile en el país sureño, es un proyecto nacido en Sudáfrica, entre los años 2005 y 2008. Más concretamente en el Centro de Investigación en Energía de la Universidad de Ciudad del Cabo. Brasil, a partir de su complejidad política y ambiental, también se acoplaría a la iniciativa.

Contó con la colaboración del Centro South South North, una entidad dedicada a promover el desarrollo sostenible y la transición hacia economías más compatibles con el clima en las naciones en desarrollo. La idea, en los países donde se desarrollo es, justamente, esa: elaborar planes de desarrollo que tengan en cuenta los desafíos climáticos. Que luego irán hacia políticas públicas que impliquen transitar hacia "una economía baja en carbono".

De acuerdo a Lupe Guinand, representante de 'Libélula, Ambiente y Comunicación'(la organización que hace la coordinación técnica del PLANCC en el Perú), se trata de un proceso que debe tener 3 características fundamentales. Debe ser "creíble, legítimo y relevante". Para ello, una de las piezas fundamentales es generar "evidencia cuantitativa" sobre el cambio climático en cada país, a fin de que haya una data que sea confiable.

Por lo pronto, tres de los países mencionados ya tienen identificado su porcentaje de emisión planetaria de Gases de Efecto Invernadero (GEI): Perú lanza 0.4%, Colombia 0.37% y Chile 0.2%. Sobre el papel –reciclado o no reciclado- es poco, pero hay tendencias preocupantes. En Chile, por ejemplo, entre 1990 y el 2006, las emisiones aumentaron en 232%, una disparada que, como es notorio, tiene que ver con su crecimiento económico.

En Perú, la tendencia también ha ido in crescendo. De 1994 al 2000, por ejemplo, la producción de GEI aumentó en 21% al pasar de 98.816 a 120. 023 MTCO2eq (miles de toneladas de carbono o su equivalente en otros gases). Y del 2000 al 2009 creció en un nivel parecido, 22%, pues se fue hasta 146.783 MTCO2eq. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Colombiano, a su vez, considera que su economía es aún "carbono intensiva".

La observación es pertinente, ya que Colombia emite demasiados gases en relación con su PBI, que al 2011 es de 334.4 miles de millones de dólares. Bajo ese parámetro figura incluso por delante de Estados Unidos, el segundo gran emisor global. El mismo problema ocurre en Perú, cuyos niveles de emisión (0.4%) son similares a los de Dinamarca y Nueva Zelanda, aun cuando estos dos últimos países tienen un PBI 4 veces superior al de este país.

Asumiendo esos indicadores, el PLANCC peruano, el MAPS Chile y la EDBC Colombia se han dispuesto a cuantificar aún más esas tendencias, a fin de que las políticas públicas vayan incorporando la variable climática y apuesten por la mitigación y la adaptación. Como sostiene Paola Alfaro, del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) del Perú, "un crecimiento bajo en carbono permite ser más eficiente en el uso de recursos".

¿A más desarrollo, más GEI?

Ahora bien, según el Informe "Situación y Perspectivas de la Economía Mundial 2012", preparado por la ONU, el PBI sudamericano creció 3.6% en ese año. Aun cuando el porcentaje fue menor que en el 2011 (4.6%), debido a la desaceleración económica en Europa y Estados Unidos, hay una tendencia al alza que viene desde hace unos años en la región, y que tiene en Perú y Chile a dos de sus focos principales, tenidos como ejemplo.

Sin embargo, ¿son economías limpias? Un examen más detenido del caso peruano permite observar cómo la curva económica puede dispararse pero la curva del carbono –y de otros gases invernadero- también. Según Eduardo Durand, Director General de Cambio Climático del Ministerio del Ambiente (MINAM) peruano, "ya se cuenta con nuevos indicadores que permiten prever los escenarios futuros". Y que PLANCC va registrando.

La mayor fuente de emisiones de GEI, en el Perú, al 2009, son la deforestación y otros cambios en el uso del suelo, que significan un 39% del total. En el 2000 también eran el más grande proveedor de carbono, pero con un porcentaje mayor: 47%. Esto sugiere que existe actualmente una menor deforestación que estaría haciendo bajar la tasa estimada anual de 150,000 hectáreas de bosque que se pierden, sobre todo en la Amazonía peruana.

Aún así, el grueso de las emisiones sigue estando en ese rubro. ¿Por qué? Durand ensaya una explicación que nos remite a la dinámica de un país con crecimiento macroeconómico, pero que aún alberga grandes desigualdades. "Todavía –explica- hay desplazamientos de personas en busca de trabajo, lo que termina impactando sobre bosques y suelos". La lógica es ciega y efectiva: llega un colectivo, se asienta, tumba árboles, siembre plantas...

En Colombia, por el contrario, al 2007 la principal fuente de emisión de GEI es el sector energético, según un Informe de la Comunidad Andina (CA). La tendencia al parecer se mantiene, lo que sugiere un país más industrializado que el Perú, aun cuando este último, debido a su crecimiento económico galopante, viene mostrando, en su sector productivo, movimientos que cambian el flujo de emisiones, pero de todos modos lo incrementan.

Así, en el Perú la agricultura se mantiene como la segunda fuente de GEI y a la vez aumentó. Saltó del 19% del total en el 2000 al 25% en el 2009. La irrupción del boom agro-exportador en el Perú incentivó la oferta de trabajo y, por eso, ocasionaría, tal como sugiere Durand, que haya menos gente impactando bosques. Pero al mismo tiempo genera emisiones provenientes de fertilizantes nitrogenados (verbigracia el óxido nitroso).

En este mismo país, después de la deforestación y la agricultura, viene la energía: pasó del 13 al 16% de las emisiones, entre el 2000 y el 2009. Esta triada de rubros que generan más GEI arrojan la imagen de un país en crecimiento: más producción, más servicios, más industria, más población que consume también. No hay tanta urgencia de tumbar bosques para sembrar lo que sea. Pero también hay más dinero para profusas compras de autos.

Por eso, también en el Perú, las emisiones de GEI del transporte han crecido: pasaron de 15.5 a 24.MTCO2eq. De acuerdo al documento "Clima: cómo vamos" del MINAM, esto se debe al aumento del parque automotor. También crecieron las emisiones por "procesos industriales" y "desechos", aunque son todavía menores. Lo que asoma en el horizonte climático es un país que crece pero no mitiga los GEI de manera suficiente.

Abrir la curva

¿Qué hacer frente a esta dinámica, en la que crece la macroeconomía, pero sin la debida previsión? Guinand sostiene que si la curva del crecimiento económica sigue subiendo, pero la curva de las emisiones no baja, se producirá, hablando coloquialmente, una "carrera de caballo, con parada de burro". Es decir, la economía peruana puede crecer, aunque no necesariamente de manera limpia y sostenible, ya que la producción de CO2 se disparará.

Puede ocurrir, por citar un escenario, que en este país acontezca lo que ya es una realidad en Chile y Colombia: que la producción de energía sea la fuente principal de emisiones (en Chile, este sector aumento su cantidad de emisiones de GEI en 85%, entre los años 1990 y 2006). De acuerdo al ritmo de crecimiento en el Perú, esa tendencia podría aparecer, lo mismo que podrían incrementarse las emisiones provenientes de los procesos industriales.

Uno de los compromisos voluntarios del Perú, en el contexto de las negociaciones climáticas globales, es reducir las emisiones por deforestación y cambios de uso de suelo a 0%, en el 2021. Otro consiste en lograr que las fuentes de energía renovable representen al menos el 40% de la energía consumida en el país. El PLANCC, recuerda Durand, apunta precisamente a hacer compatibles esas variables, a fin de que los GEI no se desborden.

Para cerrar esa brecha, coinciden Guinand y Paola Alfaro de CEPLAN, es necesario contar con "evidencia cuantitativa" sobre el cambio climático en el Perú (datos como la citada evolución de las fuentes de emisión de GEI). Lo que se ha observado en el país es que, hasta el 2000, el crecimiento ha ido a la par con las emisiones: de 1994 al 2000, el PBI aumentó 23% y las emisiones 21%. Del 2000 al 2009, el PBI subió 73% y las emisiones crecieron en 23%, lo que significó un distanciamiento entre ambos factores.

Pero aún si la economía crece más que las emisiones, igual la curva no se cierra de manera significativa. De allí que, como precisa Alfaro, la mitigación sea una pieza fundamental del PLANCC, debido a que conecta con "los esfuerzos mundiales de reducción de emisiones de GEI", que incluso pueden traducirse en fondos a los que el país puede acceder. Hace, asimismo, que el país vire hacia una ruta de desarrollo sostenible de manera más firme.

"Abrir este debate no ha sido fácil", explica Guinand, mientras relata la atmósfera de las reuniones del Equipo Nacional de Prospectiva en Mitigación al Cambio Climático (ENPCC), que, en el marco del PLANCC, integra al sector público, al sector privado, a la sociedad civil, a la academia, a las comunidades indígenas. Pero cuando se presentan "evidencias cuantitativas" de los niveles del fenómeno, el discurso y el aire cambian.

El giro climático

En los 3 países, la perspectiva es similar: reunir una data verificable, real, sobre los escenarios generados por el cambio climático; proponer posibles medidas de mitigación, que se transformen en políticas públicas; todo ello para llegar a tener una "economía baja en carbono". La palabra "competitividad" aparece, igualmente, en los planes de Perú, Colombia y Chile, acaso porque lo que se pretende es lograr también la "eco-eficiencia".

También se alude, como corresponde, a reducir los niveles de pobreza, que debido a la variable climática, se están agudizando, sobre todo en el campo. La "vulnerabilidad" ya asoma por varios lados. En Colombia, en la forma de, según las autoridades, una "ola invernal" que ya se ha abatido sobre el país 3 veces, con intensas lluvias, y ha provocado la muerte de alrededor de 100 personas y la afectación de 7 departamentos y 64,000 familias.

En el Perú, uno de los signos más visibles de la alteración de la temperatura es el derretimiento glaciar, que ha provocado que la cubierta de hielo de las distintas cumbres peruanas se reduzca. En la Cordillera Blanca, la más grande cadena nevada tropical del mundo, los glaciares retroceden, de acuerdo a un informe de la CA, entre 50 y 150 metros por año. A mediano plazo, eso provocará escasez de agua en la costa y sierra peruana. (Ver nuestro reportaje sobre este tema aquí).

El sector forestal en los planes

Un asunto a considerar, en medio del tumultuoso debate, es que si los planes contra el cambio climático se aceptan es más posible captar apoyo internacional, técnico y financiero, para reducir las emisiones en diversos sectores. Un caso interesante es el del Programa de Inversión Forestal (FIP, por sus siglas en inglés) del Banco Mundial, un mecanismo de donaciones a pueblos indígenas y comunidades locales para la conservación.

El FIP ha destinado 50 millones de dólares para el Perú, que serán invertidos sobre todo en la Amazonía. AIDESEP (Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana), la mayor coordinadora de asociaciones indígenas, ha solicitado que el dinero se invierta en titulación territorial, manejo forestal comunitario y gobernanza forestal comunitaria. Aún cuando al momento existe controversia entre este gremio y los diseñadores del plan de inversiones, ya resulta un avance que este país se involucre en este mecanismo.

Viendo el horizonte en términos más proactivos, en países como el Perú, o Colombia, el sector forestal es clave. El mecanismo REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación), permite captar donaciones para conservar bosques y así mitigar el cambio climático, y juega un papel importante en los Planes CC de los países. A nivel global, las emisiones por deforestación alcanzan entre 12% y 20% según el estudio, y los países amazónicos suelen tener en ese rubro su mayor fuente de GEI. (Ver artículo del Ecosystem Marketplace (en inglés) que discute recientes aclaraciones sobre estos cálculos en este link).

En el Perú, existe ya el Grupo REDD, que agrupa a 40 miembros (ONGs, instituciones públicas, instituciones públicas), que articulan diversas iniciativas en esta lógica de conservación. Mantener en pie los bosques no solo mitigaría el todavía alto porcentaje de GEI proveniente de la deforestación. También se controlaría la erosión, mejoraría el manejo de los recursos hídricos, se potenciarían los servicios ambientales.

Los proyectos REDD en el Perú suman al menos 35, ubicados en los departamentos amazónicos de Loreto, Ucayali, Madre de Dios y San Martín. Aunque igualmente en Piura, departamentos que tienen costa y sierra, como Piura. O en Cusco, que tiene una zona amazónica. La mayoría están dedicados al manejo de bosques (74%) y se ubican en la parte oriental del país e involucran a comunidades indígenas, ONGs y el propio sector público.

Mitigar y crecer

Las perspectivas, entonces, se juegan en la dinámica de mitigar los GEI, mediante una cuantificación lo más precisa posible del estado de las emisiones. Pero a la vez de ir generando proyectos que otorguen beneficios a la población y promuevan el desarrollo sostenible. En el sector forestal asoma esa posibilidad, que, en los tres países, se acopla a los esfuerzos por tener una 'economía baja en carbono', eficiente y menos contaminante.

En estos escenarios se juega el presente y el futuro de estos países, de su economía, de su calidad de vida, de su desarrollo, de la supervivencia de algunas poblaciones incluso. Al desafío de mitigar los efectos del cambio climático, se une el de adaptarse a las condiciones que ya se están generando. Estas, según afirma Alfaro, pueden terminar provocando "pérdidas en el PBI", que hoy más bien se muestra creciente.

Por eso, el PLANCC, el MAPS Chile y el ECBC colombiano resultan en estos momentos vitales. Lo interesante es que, en los tres países, como a nivel mundial en el desarrollo de los planes CC, pero a diferencia de típicos esfuerzos dirigidos a temas ambientales, estos involucran no solo a las respectivas autoridades ambientales sino, además, a las Cancillerías (porque el clima no tiene fronteras), a los ministerios de Transporte y Energía (salvo en el Perú a este último, acaso por el boom minero) y, fundamentalmente, a los ministerios de Hacienda y Economía.

La meta, insistente, es una "economía baja en carbono", que no contamine tanto, que no eche más gases invernadero a la atmósfera, que sea más sostenible y provoque un bienestar más extendido para toda la población. Que, en último análisis, demuestre que las finanzas, la producción, el transporte, la energía, la minería, los servicios, la pesca, la agricultura o la industria maderera no tienen por qué conspirar contra el aire y los ecosistemas.

Ramiro Escobar es periodista especializado en temas ambientales e internacionales, además de profesor universitario. Escribe columnas y reportajes en el diario La República (Perú). Colabora también en el diario El País (España), el portal O'eco amazonía de Brasil y la revista PODER de Perú. Se le puede contactar en Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.  

FUENTE

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