La juventud del mundo se moviliza por el clima.


20/02/2019

Greta Thunberg es una estudiante sueca de dieciséis años que en agosto de 2018 hizo una huelga en plena campaña electoral “para concienciar a los suecos sobre el cambio climático, después de sufrir el verano más caliente desde hace 262 años”. Con su gesto valiente, lúcido, Greta ha conseguido situar el cambio climático como prioridad en la agenda electoral sueca y acaba de intervenir en la COP24 en Katowice, Polonia, acusando a los líderes mundiales de “comportarse como niños irresponsables”.

La protesta de Greta no es nueva: tiene antecedentes en la Huelga por el Clima (Climate Strike) convocada en 2015 a nivel mundial durante la Cumbre de París contra el cambio climático (COP21).

Lo nuevo es la corriente eléctrica que comenzó a sacudir las aulas cada jueves (en algunos países, cada viernes) en institutos de Bélgica, luego en Alemania, y en pocas semanas se ha extendido viralmente por más de trescientas ciudades de todo el mundo. En Bélgica, los estudiantes empezaron siendo 3.000, fueron 10.000 el jueves siguiente, 35.000 al otro y el doble la semana pasada, 70.000 escolares belgas en huelga para protestar contra el cambio climático y el calentamiento global del planeta: “La potencia de la revuelta escolar en la calle se ha vuelto imposible de ignorar. Y ha llevado la ecología a la agenda del primer ministro, Charles Michel”.

“No faltamos a clase, luchamos por nuestro futuro. Si a los adultos no os importa nuestro futuro, a nosotros tampoco” afirman denunciando la hipocresía de una sociedad que se comporta de modo tan imprudente y suicida.

El movimiento se ha extendido por Australia, Polonia o Alemania: “El viernes 18 de enero —informa Globatium—, 30.000 estudiantes se manifestaron en más de 50 ciudades alemanas (Berlín, Bonn, Bremen, Dortmund, Dresde, Düsseldorf, Frankfurt, Hamburgo, Hannover, Heidelberg, Colonia, Leipzig, Múnich y muchas otras)”.

El próximo jueves 14 de febrero en algunos países —y el viernes 15 en otros, como Reino Unido— miles de estudiantes volverán a dejar las aulas, saldrán a la calle y agitarán las redes sociales con los hastags: #youthforclimate y #FridaysForFuture; y volverán a salir cada jueves o cada viernes las semanas siguientes hasta confluir el 15 de marzo en una huelga mundial: Global Strike For Clima o School strike for climate [#climatestrike].

Todo indica que esta Huelga Global por el Clima no ha hecho más que empezar y en los próximos meses tendremos muchas noticias de este movimiento verde que abre horizontes de esperanza frente a los nubarrones de la contaminación y las toneladas de basura y humos tóxicos que invaden el planeta y nuestros pulmones.

Las manifestaciones que se van extendiendo por todo el mundo, y pronto también en España, son una enmienda a la totalidad del modelo energético actual, una enmienda de sentido común frente a la insensatez de los adultos: ¡Basta! Devolvednos nuestros ríos, nuestros bosques y la tierra sagrada de nuestros antepasados.

La juventud toma conciencia de una realidad que los ecologistas llevan décadas denunciando: un modelo energético insostenible, basado en el desfilfarro y la desigualdad, que supone una hipoteca letal para nuestros hijos e hijas. Estamos malgastando nuestro capital y el suyo para beneficio de unas pocas multinacionales. Está ocurriendo ante nuestros ojos, en el patio trasero de